Danzaron Las Aguadoras para que no se seque el río Cupatitzio. Deslumbraron durante el ritual con su belleza y atuendos.

 Uruapan, Mich.-Danzaron más de 600 Aguadoras para que no se seque el río Cupatitzio, que nace en el corazón de Uruapan, que irriga a la Tierra Caliente y que genera energía eléctrica. Deslumbraron durante el ritual con su belleza y atuendos.
 Aunque para algunos es solamente un desfile con atuendos vistosos, esta ceremonia tiene antecedentes precolombinos y espirituales, que luego se entretejieron con las tradiciones judeo-cristianas traídas por los españoles y además está relacionada con el ritual de Los Palmeros, otra de las tradiciones que se practican en Uruapan, pero esta última en víspera de la Semana Santa.
Ancestralmente el ritual tenía que ver con oraciones a las antiguas deidades para que no dejase de brotar el agua de los manantiales y posteriormente, tras la invasión, la costumbre giró en torno a colectar agua del manantial Rodilla del Diablo, de donde nace el Río Cupatitzio y llevarla al templo para que fuera bendecida por el sacerdote.
Esa agua que las mujeres habían traído en cántaros adornados originalmente con flores y con un angelito de azúcar a modo de tapa sobre el utensilio de barro, se repartía entre los enfermos y entre las familias de las aguadoras. El recorrido se realizaba el sábado de Gloria.
La tradición dejó de practicarse, durante medio siglo y en su época moderna se rescató hace 20 años, cuando los barrios fundadores se reorganizaron y la rescataron.
En esa primera vez de rescate, el recorrido se hizo del centro al Cupatitzio y luego de esa ocasión desde el río se camina hasta el centro de la ciudad.
El presidente de la asociación Cultura P’urhépecha, Benjamín Apan Rojas, uno de los que participaron en el rescate de este ritual, recordó que el ritual dejó de practicarse debido a la erupción del volcán Parikutini, pero también a que algunos religiosos lo prohibieron.
Dijo que hay investigadores como la “maestra María Lemus Carreón (otra de las que participó en retomar esta ceremonia), quienes afirman que para dejar de desarrollarla tuvo que ver la erupción del volcán, ya que mucha gente se fue y con la partida, muchas de las manifestaciones culturales se fueron apagando”.
Consideró que “posiblemente intervino también alguno de los sacerdotes, porque cada uno trae sus ideas, pero Las Aguadoras son una muestra del sincretismo entre los rituales religiosos católicos y los ceremoniales en torno al agua, que ejercían los antiguos P’urhépecha”.
Concordó en que el ritual de todas maneras tiene que ver con reverenciar al agua, ya que “es vida, embellece las comunidades, le da vida a las ciudades. Es lo más preciado que puede haber, aunque a veces la descuidamos”.
“Por eso hace 22 años que retomamos el ritual, como una forma de manifestar nuestro apoyo al Río Cupatitzio, que se encontraba en agonía y le llevamos agua bendecida” para verterla en dicha corriente de agua.
Evocó que en esa época las autoridades municipales pretendían entubar el manantial La Yerbabuena que nace dentro del parque nacional, Barranca del Cupatitzio.













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