Uruapan se quedó sin Don Genaro, quien con sus raspados, desde 1943 cautivó generaciones de paladares.
Uruapan,
Mich.-La perla del Cupatitzio, se quedó sin Don Genaro, quien con sus raspados,
desde 1943 y hasta el 2017, le regaló a Uruapan 75 años de sabores, que ahora
son de dulce nostalgia.
Don
Genaro falleció, al parecer de muerte natural y será despedido nada más por sus
más cercanos familiares, debido a la contingencia sanitaria.
Hasta
eso se ha robado el nuevo coronavirus, la posibilidad de que a quien en vida se
llamó Genaro Balderas Valle, se le honre de manera proporcional al cariño que
le tuvieron generaciones de uruapenses.
Este
sencillo hombre trabajador fue inspiración de poetas, pintores, fotógrafos y
periodistas, quienes vieron en su persona un reflejo de un Uruapan que se ha
perdido para siempre y que en los tiempos del Covid 19, parece cada vez más
lejano.
Don
Genaro fue el personaje principal en la obra titulada, Cuando esta Tierra se Parecía a Macondo, que la que esto escribe,
publicó en el 2007.
En
ese libro, que tuvo la suerte de agotar dos ediciones, se congregaron reportajes
basados en personas de Uruapan, cuyos oficios y aportaciones a la sociedad,
eran parte de la magia de esta ciudad.
Fue
la primera entrevista que Don Genaro concedió y también a esta reportera le
regaló la última, que en esa ocasión fue para Multimedios Televisión, en el
canal 115 de Megacable, en enero del año pasado:
Aquí
transcribimos íntegra la entrevista para Cuando
esta Tierra se Parecía a Macondo.
CAPÍTULO
UNO
EL
URUAPAN DE DON GENARO
Hace unos 63 años, cuando don Genaro comenzó a
vender raspados, Uruapan se parecía a Macondo. Era un vergel, donde el agua
corría libre por las calles, formando pequeños ríos. Ahora, esta ciudad es un
monstruo de pavimento, donde en lugar de pinos hay paracaídazos en los cerros y en lugar de ojos de agua hay afluentes
de aguas negras.
En una de las esquinas de Independencia y Juan
Ayala, tras un humilde carrito de madera, la gente mitiga el calor con hielo
raspado y jarabes multicolores de frutas naturales.
Ricos, pobres, niños y adultos. Todos conocen a don
Genaro el de los raspados.
Sin embargo pocos saben que se llama Genaro Balderas
Valle y que es originario del Distrito Federal, que se crió en el Estado de
México y que llegó a Uruapan, porque “un familiar mío se vino para acá y una
hermana”.
Comenzó a vender sus raspados, porque “mi cuñado
trabajaba esto y yo dije también yo voy a trabajar”.
–¿Hace cuántos años de eso?
–Nada más 63. En 1943 me inicié. Tenía yo 17 años y
ahora tengo 80.
“Yo empecé en Independencia y Carrillo Puerto. Ahí
estaba la tienda más grande de ese entonces, la de don Emilio Moreno. Ahí era
el mercadito y ahí vendían todo. Esa era la Calle Real; la principal en ese
entonces”.
Sin dejar de atender a la gente que se amontona en
torno a su puesto, continuó evocando sucesos del siglo pasado: “Como en el 45 o
46 se instaló el Instituto Fray Juan de San Miguel, de niñas, media cuadra más
para acá y por esa razón me tuve que venir a Aquiles Serdán”.
“Porque las niñas salían y eran de colegio y
gastaban, pero salían rumbo al oriente más que al poniente, así que dije me voy
a poner en la esquina de Aquiles Serdán y me fui muy bien. Ahí estuve como unos
5 o 6 años”.
“Luego por azares del destino me volví a cambiar
media cuadra más para acá (a Independencia y Juan Ayala), y aquí me fue mucho
mejor, porque agarré dos colegios, el Colegio La Paz y el Fray Juan de San
Miguel. Aquí me quedé”.
EL PADRE TIEMPO
“Luego se fueron los colegios, porque ya creció
esto. Mis clientes chiquitos se hicieron grande y aún así me comenzaron a
buscar”.
“Aquí viene todo el mundo, de todas las clases
sociales. Ellos son mis amigos. Los mejores clientes del mundo y la mayor parte
son clientes desde chiquitos, que ya son personas grandes”.
EL SABOR DEL HIELO
“Trabajo todo el año, pero en las aguas descansa uno
mucho. Si se vienen dos o tres días de lluvia no salgo. En las secas hago lo
que puedo, porque se me echó el padre tiempo encima y hay que aprovechar”.
–¿Cuál es su horario de trabajo?
Normalmente llego a las doce y media o veinte para
la una y a las cuatro ya termino.
Para esa hora ya terminó de asear el pequeño espacio
que ocupa sobre la acera de baldosas de cantera rosa, porque por lo menos desde
las dos de la tarde el producto ya se terminó.
–¿Qué sabores podemos encontrar aquí?
–Voy con la temporada.
Explicó señalando las botellas de vidrio que
atesoras líquidos viscosos y multicolores: “Trabajo la changunga, la zarza o
sea el zitún de Uruapan, el tamarindo, la guanábana, el chico, el mamey, la
fresa y cada fruta de la temporada”.
“Yo y una hija mía que me ayuda elaboramos las
mieles a base de la experiencia. Es difícil de explicar, pero ya estamos listos
para eso”, dijo como resistiéndose cortésmente a revelar los secretos de sus
recetas.
“Los sabores de batalla son todos, pero el chico y
el mamey son muy especiales, la changunga también. Se venden todo el año. Tengo
clientes para estas frutas todo el año, pero los favoritos de los clientes son
ésos y el mamey”.
ATRÁS DEL CARRITO
Don Genaro no luce de 80 años. Aparenta menos; pero
cuando comienza a platicar el joven de 17 años que comenzó en este oficio se
asoma por sus ojos.
Recordó que vivió en unión libre y casi sin cambiar
el matiz de su voz confesó: “Ya falleció la señora”.
Tiene cinco hijos y ninguno de ellos se dedica a los
raspados: “Nada más yo. Ellos trabajan en otras cosas”.
Consideró que la clave de su éxito es “la
dedicación, lo delicado que uno es para preparar a conciencia. Es un trabajo
artesanal y con mucho cuidado. Frutas especiales para que el cliente se vaya
satisfecho ¿al fin reditúa no?”.
Sobre los helados y las nieves de sabores
artificiales opinó: “todo es competencia. No hay enemigo pequeño, pero yo tengo
clientes en todo el país y partes del extranjero. Me han traído argentinos, de
Centro América, de España, y Alemanes”.
EL PUEBLO MÁS BONITO DEL MUNDO
–¿Ha cambiado mucho Uruapan desde que usted empezó?
–Claro que ha cambiado. Antes era un vergel este pueblo.
El pueblo más bonito del mundo.
“Ahora va creciendo y van desapareciendo muchos
encantos. Las calles empedradas, las casas de adobe...Muchas ya no existen. Ya
no es ni la mitad del agua. Antes corría agua limpia por las calles”.
“En Isaac Arriaga venía la calle llena de agua,
cristalina no creas que agua sucia de drenaje. Aquí en Pueblita había mucho
agua. Brotaban los ojos de agua, que se fueron perdiendo”.
“¿Será la sobre población? Ya ves que los
paracaídazos cómo caen. Se Acaban el monte, le prenden fuego y nos lo vamos
acabando”.
“Las comunidades no apagan el monte, le prenden. Hay
que cuidarlo, porque el monte genera mucho dinero y genera agua. Aquí en
Uruapan ya no llueve como llovía. Había tres o cuatro tormentas diarias y era
muy bonito”.
De todos modos, “estoy muy agradecido con este
pueblo bonito y su gente bonita”.
Se despidió con una sonrisa. Al verlo a la
distancia; al observar su figura delgada, la curva ligera de su espalda, su
sombrero, se siente en la piel la mordida de la nostalgia. Qué fácil es
extrañar a don Genaro, y al Uruapan, que se parecía a Macondo.
Descansa en paz Don Genaro hayer pasé por el portal donde lo ví y compré un raspado por última vez y llegó a mi mente el recuerdo de ésa agradable persona Dios te bendiga y te resiba en su reino mis más sentidas condolencias a sus parientes y amigos
ResponderEliminarQue triste ¿Verdad? Es como si una parte de Uruapan se hubiera ido con él.
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