Entre el humo y el Covid, se sobrevive en Michoacán; hoy es el día de La Tierra
Uruapan, Mich.- Sitiados por incendios e inundados
por el humo, es como se vive en la región el Día Internacional de la Madre
Tierra .
Ayer la brigada municipal Los Delfines,
trabajó más de 10 horas combatiendo un incendio forestal en Corupo; pero al
mismo tiempo no deja de laborar en tareas de prevención.
Sin embargo, en medio de una atmósfera tóxica, se encuentran desde hace varios días los habitantes de la región y por supuesto de Uruapan; ciudad que una vez se conoció como el Vergel Michoacano y que ahora podría denominarse capital estatal del ecocidio.
Los ojos arden, la nariz y la garganta se irritan, la cabeza duele y el olor a quemado se ha instalado en las casas, calles y centros de trabajo, como si los habitantes no tuvieran suficiente con el peligro de la pandemia, que sigue pendiendo sobre las cabezas, cual espada a punto de decapitar a todos.
Es curioso pensar en una analogía: Mientras
que el nuevo coronavirus ataca los pulmones de los infinitamente pequeños seres
humanos; los seres humanos atacan los pulmones de la naturaleza, destruyendo
las fuentes de oxígeno y agua, que además son hogares de flora y fauna que son
las victimas colaterales de los crímenes de los incendiarios.
Los pulmones de Uruapan, los cerros de la
Charanda; de La Cruz, Jicalán, El Zapién, el parque nacional y el cerro
colorado, siguen siendo atacados en el afán absurdo de cambiar lo que la
naturaleza trata de conservar para mantenernos vivos.
Además de soberbios, los seres humanos,
pecamos de ilusos, ya que nos disparamos en un pie pensando, que no nos haremos
daño.
En estos momentos, el humo de los incendios de
Los Reyes, Paracho, Corupo, San Andrés Corú y la propia cabecera municipal de
Ziracuaretiro, nos está rodeando y si por el momento se nos dificulta respirar,
más complicado será cuando no existan árboles que nos doten de oxígeno.
Día con día, los seres humanos no hacemos más que demostrar nuestro desprecio por la madre Tierra, de la cual nacimos y la cual nos ofrece sustento. En ésta época es cuando más la dañamos y arrasamos todo, como el fuego mismo.
Pero eso no significa que el resto del año
respetemos al planeta: Contaminamos sus aguas, amontonamos basura, atacamos a
las especies que han estado ahí para ayudarnos y el hombre se confirma como el
depredador del hombre.
Sin embargo, tal vez estemos a tiempo de terminar
con esta locura y podamos darnos cuenta de que no podemos seguir destruyendo
esta pequeña burbuja de agua y oxígeno que flota en el universo, con nosotros
dentro.






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